En octubre del 2018 comienza el juicio de Pablo y tengo muy claro que quiero estar presente, aunque sea un día para poder mostrarle mi apoyo. Tenía ya todo preparado para llegar en enero de 2019, justo para el veredicto, pero me subió mucho la fiebre y no pude acudir. Finalmente llego en mayo y veo a Pablo por primera vez. Todo es muy intenso, el ambiente en el juzgado es bastante tenso. Los miembros del jurado te miran a los ojos, ves cómo los fiscales atacan a Pablo sin piedad y sin pruebas. La fuerza de la familia de Pablo me deja sin palabras. La esposa, Tanya, ha recorrido miles de kilómetros para visitar a Pablo en prisión.

Visita a Pablo Ibar: ¡Por fin!

Y por fin es 20 de febrero. Después de tantos años voy a poder abrazar a Pablo en persona. Llegó el día. Estoy desayunando con los hijos de Pablo y nos ronda su simpático perrito que espera que le caiga algo de comida. Salimos hacía la prisión de Okeechobee. En el trayecto invertimos alrededor de una hora. Entregamos nuestros documentos y nos ponemos en una fila para poder entrar a la prisión. Varios familiares de otros presos saludan a Tanya. Nos toca esperar alrededor de media hora. El ambiente es bastante tranquilo, es un día soleado pero hay bastante viento. Hay unos cuantos pájaros que sobrevuelan la gran valla metálica de la prisión y de vez en cuando se acercan a nosotros con curiosidad.

Llega nuestro turno. Le preguntan a Tanya por el preso que viene a visitar: «Pablo Ibar». La funcionaria esboza una pequeña sonrisa. Ya sabe que vamos a visitar al preso más famoso de la prisión. Pasamos el control de seguridad; me registran y accedemos a un comedor lleno de presos. En ese punto llaman a Pablo y tenemos que esperar a que llegue. Salimos a un patio exterior. Pablo llegará de un momento a otro desde unos pabellones. Pero pasan los minutos y Pablo no aparece. Tanya vuelve a llamarlo y a los pocos minutos le veo caminar detrás de una gran alambrada metálica, una imagen difícil de olvidar. Desde el otro lado de la red metálica, intercambia unas palabras con Tanya. Le saludo desde lejos. Por fin, voy a poder darle un abrazo.

Visita a Pablo Ibar: El abrazo

LLega y le estrecho entre mis brazos. Entramos a una cantina que tiene la prisión donde podemos comprar algo de comida. Salimos a un patio exterior con mesas en el que hay alrededor de treinta presos con sus respectivos familiares. Comenzamos a hablar de todo: los presos tienen que estar a un lado de la mesa y los familiares y amistades en la parte opuesta.

Pablo se muestra muy contento por la visita. Le preguntó cómo se encuentra. Sus últimos meses no han sido fáciles. Tuvo una lesión en el brazo y me muestra su cicatriz, de alrededor de diez centímetros. Intento animarle: «Pablo hay mucha gente que te apoya», «no te desanimes, vas a conseguirlo», le digo.

MICROMECENAZGO – CROWDFUNDING

Por su parte, la Asociación Pablo Ibar – Juicio Justo continúa trabajando en la recaudación de fondos entre las instituciones, organismos y también entre la ciudadanía que permitan costear la apelación. El presupuesto para esta fase es de 200.000 dólares (164.200 euros).

La asociación mantiene una campaña de crowdfunding para que quien desee pueda colaborar en hacer frente a los gastos. Se pueden realizar las aportaciones a través de la web www.pabloibar.com, así como por las redes sociales.

Pablo Ibar es una persona inocente, ayúdanos a traerlo de vuelta a su casa.

Hay un buen resumen del caso de Pablo Ibar en Wikipedia.

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